EL 6 DE JUNIO QUÉ O QUÉ DE QUÉ

El próximo 6 de junio tendremos las denominadas elecciones intermedias, las cuales están aderezadas con una popularidad infranqueable de un Presidente recuperado que, sin duda, puede permear en las preferencias para la elección de cargos públicos que estarán en juego a mediados de este año.

Los resultados de esas elecciones marcarán un rumbo decisivo en lo que resta de la administración actual, ya que la gran fuerza del Poder Ejecutivo descansa, paradójicamente, en contar con un Poder Legislativo plegado a sus decisiones tal y como sucedía en los años del partido hegemónico, esa época en donde el poder del Presidente de la República era inmenso en todos los ámbitos y que con la llamada alternancia en el año 2000 se fue decantando por una pluralidad de ideas que, dicen algunos especialistas en gobernabilidad, generaban una parálisis nacional por no aprobarse las reformas que el Titular del Poder Ejecutivo necesitaba para dar resultados.

En un sistema donde lo reinante es la abstención que alcanza niveles hasta del 60 por ciento, al menos debemos conocer el embrollo de qué vamos a elegir, para que sirve un diputado – recalco, en teoría, porque en la realidad no todos sirven para mucho – cómo se conforma el Congreso de la Unión y lo que entendemos como mayoría calificada, mayoría relativa y esas cosas que nos parecen muy lejanas hasta que nos “bolsean” legislativamente hablando.

EL BOTÍN…PERDÓN CARGOS A ELEGIR

Debemos comenzar diciendo que la fecha del 6 de junio es fundamental por la cantidad de cargos que se van a elegir aunque en esta explicación nos meteremos más respecto de los cargos federales. Ese día se votará – con “v” aunque mueran de ganas que sean con “b” – para elegir 300 diputados por mayoría relativa y 200 por representación proporcional; Gobernadores de los estados de Baja California, Baja California Sur, Campeche, Chihuahua, Colima, Guerrero, Michoacán, Nayarit, Nuevo León, Querétaro, San Luis Potosí, Sinaloa, Sonora, Tlaxcala y Zacatecas; Diputados locales en todas las entidades federativas del país excepto Coahuila y Quintana Roo; Ayuntamientos y Alcaldías de los estados, excepto Durango e Hidalgo.

No sólo por el volumen, sino por la importancia de los cargos, las elecciones federales marcarán un rumbo importante del país en los próximos años. Recordemos que vivimos en una Federación, es decir, donde las entidades federativas son igual de importantes que la República federal, al grado que, por ejemplo, para aprobar una reforma a la Constitución, se requiere que, después de que la apruebe el Congreso de la Unión, la mayoría de los Congresos Locales también la apruebe.

EL PODER LEGISLATIVO

Vayamos a, como en otras ocasiones, revisar la Constitución como la norma de mayor jerarquía en nuestro país. Ya habíamos comentado que de acuerdo al artículo 49 el Supremo Poder de la Federación se divide en poderes para que se pueda ejercer: Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Por su parte el artículo 50 señala que el Poder Legislativo es un Congreso General, el cual se divide en dos Cámaras: una de Diputados y otra de Senadores.

La naturaleza o espíritu de cada Cámara, aunque representan al pueblo mexicano, consiste en que los Senadores representan a los estados, mientras que los Diputados representan directamente al pueblo, de ahí entenderán que este clamor de exigir cierto grado de estudios a los Diputados resulta un a contraposición al hecho de que si representan al pueblo pueden ser, desde médicos, hasta comerciantes, campesinos o algunos otros sectores que, por antonomasia, no tienen la posibilidad de acceder a una instrucción académica.

El Senado de la República, por no estar inmerso en estas elecciones lo encorchetaremos para posterior explicación.

500 DE LOS QUE A VECES NO SE HACE NI UNO

Nos señala la Constitución que la Cámara de Diputados se conforma por 500 diputadas y diputados – sí, muchísimos – de los cuales 300 se eligen por el principio de mayoría relativa mediante el sistema de distritos electorales uninominales y 200 por el principio de representación proporcional. Pero ¿a qué se refiere uno u otro?

EL MÁS POPULAR ES EL QUE MÁS VOTOS GANE

Los distritos uninominales son la forma de dividir de acuerdo a su densidad de población. Es decir, la norma nos dice que, por lo menos, en cada estado debe haber dos distritos para que se elijan dos diputados, sin embargo, hay estados muy poblados como Veracruz que cuentan con 20 distritos. Ello tiene como lógica la representatividad, es decir, entre más gente tiene un estado, más distritos deben existir para que la representación sea equitativa. Esta asignación de distritos se realiza de acuerdo al último censo de población.

Estos diputados se eligen de acuerdo al número de votos que obtengan, tan simple como el que obtiene más votos directos gana su puesto en la Cámara de Diputados.

LOS FAMOSOS “PLURIS”: ¿PARÁSITOS O MAL NECESARIO?

La otra parte de los de representación proporcional tiene sus peculiaridades, críticas, defensas y repudio, ya que ellas y ellos no son elegidos de forma directa por los votantes. Me explico. Para garantizar que todas las fuerzas políticas – los chorrocientos mil partidos que se registran para competir – tengan representatividad en el Congreso. Entonces, aquellos que no obtuvieron un espacio en la Cámara se le asignan diputados de unas listas nacionales que presentan los partidos.

Para determinar cuántos se asignan a cada quien, la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales, en su artículo 16, señala la fórmula que tiene dos elementos para la asignación: el cociente natural y el resto mayor. Esa fórmula, no apta para abogados renuentes de las matemáticas, a grandes rasgos señala que la votación nacional total emitida se divide entre 200 – número de diputados elegidos por este principio -, de ahí se obtiene un cociente. El número de veces que entra ese cociente en la votación de cada partido, es el número de diputados que le corresponden por ese principio. El resto mayor es cuando, ya asignado el cociente queda un restante de votos, entonces se asignan los diputados que resten de acuerdo al orden de ese extra que les quedó de la votación en orden descendente hasta que se agoten las diputaciones.

La crítica a estos diputados es que no salen a las calles a pedir el voto, no tienen propuesta y son utilizados por los partidos para poner a sus figurar políticas más representativas – o comodinas – de tal manera que aseguran un espacio como diputados. Por eso en estas listas vemos que hasta el principio de ellas se ponen los políticos de carrera que llevan años succionando el presupuesto. Como ejemplo, el PRI – en serio, sigue vivo – puso en el principio de la lista al Presidente del Partido, un tal Alito – o Amlito – Moreno, a la Secretaría General Carolina Viggiano y… ¡a su esposo e hijo!

PLURALIDAD ES CONTRAPESO

Ahora bien, ya sabemos qué se va a elegir a nivel federal. Pero el impacto de los Diputados y del Congreso de la Unión en general es ser un contrapeso del poder unipersonal del Presidente que cree que, con una mayoría aplastante va a obtener todo lo que quiera, tal y como ha sucedido estos tres últimos años, donde las leyes prácticamente se han votado por decreto.

El hecho de contar con una Cámara de Diputados plural, obliga a que las fuerzas políticas acuerden, cedan en algunos aspectos y el Titular del Ejecutivo no se sirva con la cuchara grande. Y es que en el Congreso hay votaciones que, para aprobarse, requieren mayoría simple o mayoría calificada. Mayoría simple implica que se obtenga el 50 por ciento más uno de los votos presentes en el pleno de la Cámara, mientras que la calificada exige que sean dos terceras partes las que estén de acuerdo, por ejemplo, en el caso de esta última, se encuentran las modificaciones a la Constitución, que por su importancia necesitan un número importante de Diputados – y de Congresos locales como habíamos dicho – para aprobarse.

Dicho lo anterior, ¿se imaginan que tengamos una Cámara que entre el partido mayoritario y sus aliados – los chiquitines que les encanta brincar – alcancen mayoría calificada y entonces las reformas pasen como cuchillo en mantequilla sin análisis alguno? En efecto eso puede suceder si no reflexionamos el voto y ponemos un freno a cualquier aspiración imperial que le pueda surgir a los políticos que ocupan el cargo de Presidente de la República. Así que a escuchar propuestas, hacer cuentas y emitir un voto informado.

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