¿NO QUE MUY “LIÓN”?

Desde hace buen tiempo, con la viralización de imágenes en las redes sociales en el que las noticias vuelan como nunca antes, nos encontramos con escenas de todo tipo: desde las más graciosas que nos sacan carcajadas, pasando por los videos de superación donde basta decir “quiero ser rico” para allegarse de abundancia y, dese luego, aquellas mórbidas llenas de violencia que causan no sólo atención sino, en ocasiones indignación.

LOS VIDEOS DE LA SATISFACCIÓN

Respecto de éstas con carga virulenta, me he encontrado con varias en las que una persona o grupo de personas que están siendo víctimas de un delito – robos a mano armada generalmente –, se defienden de sus victimarios propiciando que la gente, enardecida, los golpee hasta casi causarles la muerte, los atropelle o, incluso, como han relatado en notas periodísticas, accionen armas de fuego en su contra.

Lo auténticamente interesante son los comentarios de esas publicaciones. De hecho, he de confesar que, en muchas publicaciones cómicas, de política, de crítica a algún tema y de estos casos, me gusta husmear más en los comentarios que en la imagen o texto principal en sí, ya que en esas participaciones se revela un poco el sentir de la gente, y de uno que otro enfermo, respecto a temas de trascendencia nacional en donde uno puede hasta vislumbrar como se van a poner las elecciones.

Particularmente, en los casos donde la ciudadanía se hace “justicia por su propia mano”, los comentarios suelen reflejar una satisfacción profunda ante el sufrimiento de los delincuentes que les salió el tiro por la culata y pasan de ser victimarios a víctimas de sus propias tropelías que vulneran a la población, además, que menos tiene. La enorme mayoría de esos comentarios reflejan una satisfacción bastante interesante, ya que disfrutan no sólo que se frustre el delito, sino que los delincuentes obtengan “su merecido en un país donde el gobierno no nos protege”.

“AY, YA DÉJENLO, NO SEAN SALVAJES, TAMBIÉN ES HUMANO”.

Desde luego, también existen comentarios con cierta consideración para el asaltante apelando a la legalidad, exigiendo que en casos así se debe presentar ante las autoridades correspondientes. Otro sector, el que más me llama la atención, es el de aquellos que debaten sobre si lo conseguido por las víctimas se justifica dentro del marco de lo que se le llama coloquialmente “actuar en defensa propia”.

Este concepto de “defensa propia” en realidad se ubica dentro del Derecho Penal y se le denomina “defensa legítima”. A este aspecto no se le puede minimizar en sus alcances, ya que de ello depende que, por justicieros, tengan que pasar el trago amargo de ser acusado del delito de lesiones o, en el peor de los casos, homicidio. De hecho, para los ojos de la ciudadanía, el que un delincuente muera en manos de su víctima o, incluso, de miembros de policía parece ser lo más justo, sin embargo, como todo en el derecho penal, debe ser analizado dentro de sus particularidades.

LA DEFENSA LEGÍTIMA NADA PROPIA

A pesar de que la figura de la defensa legítima se encuentra regulada en prácticamente todos los códigos penales de las entidades federativas, esa figura no merece ni un capítulo o artículo propio, sino que se circunscribe a lo que se le denomina causas de exclusión del delito. Y, para mayor claridad veamos lo que nos señala el Código Penal Federal en su artículo 15, fracción IV:

Artículo 15.- El delito se excluye cuando:

IV.- Se repela una agresión real, actual o inminente, y sin derecho, en protección de bienes jurídicos propios o ajenos, siempre que exista necesidad de la defensa y racionalidad de los medios empleados y no medie provocación dolosa suficiente e inmediata por parte del agredido o de la persona a quien se defiende.

Se presumirá como defensa legítima, salvo prueba en contrario, el hecho de causar daño a quien por cualquier medio trate de penetrar, sin derecho, al hogar del agente, al de su familia, a sus dependencias, o a los de cualquier persona que tenga la obligación de defender, al sitio donde se encuentren bienes propios o ajenos respecto de los que exista la misma obligación; o bien, lo encuentre en alguno de aquellos lugares en circunstancias tales que revelen la probabilidad de una agresión;

De esta redacción jurídica debemos considerar, en primer lugar, que la defensa legítima no es una forma de actuar que permita la ley en cualquier caso, sino que, cuando ocurran ciertas circunstancias, la persona puede actuar de tal manera que, a pesar de obtener un resultado que en cualquier otro caso seria un homicidio, lesiones u otro delito, le permita salvaguardar su integridad, la de sus posesiones o la seguridad de la persona sobre la que tenga deber de cuidado.

LOS ELEMENTOS

Desentrañando la fracción citada tenemos que, como primer requisito para actuar en defensa legítima, se repela una agresión real, actual o inminente y sin derecho. Es decir, que una persona o grupo de ellas nos dañe o pretenda dañarnos sin lugar a dudas de que eso va a suceder e, incluso, que pretenda llevar a cabo esa acción sin que una ley lo señale. De ahí que ante la detención que haga de nosotros un policía no podemos golpear y huir alegando defensa legítima, dado que el policía, en cumplimiento de sus funciones y con una orden de por medio, puede detenernos.

Otro elemento, señala, es que se da en protección de bienes propios o ajenos siempre que exista necesidad de defendernos, por lo que, el militar que se encuentra en un camión y, aunque no le roben a él, puede actuar en contra de los asaltantes porque se está afectando a los demás pasajeros, razón por la cual, acciona su arma de cargo matando o hiriendo a los perpetradores de la agresión.

Cuando nos señala que debe haber racionalidad de los medios empleados, la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en las interpretaciones a este artículo y los de los estados que se refieren a las excluyentes, nos señala que se refiere, por un lado, a que el medio empleado para repeler la agresión sea el adecuado y, al mismo, tiempo tener la capacidad suficiente para entender las consecuencias, ya que lo que se busca no es matar al delincuente sino repeler la agresión.

En este sentido, desentrañando casos específicos ocurridos, así como interpretaciones de legislaciones locales, el Poder Judicial de la Federación ha señalado que la racionalidad es una característica de las personas que le permitan determinar si la forma de eludir el ataque puede ser huyendo, sólo golpeando al agresor, hiriéndolo o privándolo de la vida. Esa racionalidad, por ejemplo, nos permite dilucidar en ese momento si con un disparo es suficiente para que se evada la agresión o, sí por la zona del disparo y la disponibilidad del arma del delincuente que pudiera accionarla contra nosotros, es necesario otro disparo. Esta circunstancia, en algunos casos, genera que no se admita la defensa legítima de una persona en estado de ebriedad al no tener la conciencia de qué es lo racional en esos casos.

Otro elemento es el que no medie provocación dolosa del agredido o la persona que se defiende, es decir, no debe haber antes del inminente ataque que buscamos repeler, una acción nuestra o de nuestro defendido que haga que suceda esa agresión inminente como sucede en un incidente de tránsito, por ejemplo.

SIN PASEAR EL CUETE POR FAVOR

El segundo párrafo de esta fracción se refiere a cuando se causa daño a la persona que trate de penetrar o lo haga sin derecho a nuestro hogar, al de nuestra familia o al de la persona o bienes que tenemos que defender. Esto se circunscribe sobre todo a la posibilidad de portar armas por cualquier ciudadano. Aún cuando podamos tratar ese tema en otro momento, esta disposición nos deja claro que la posesión de un arma, además del calibre permitido, se da sólo para que se tenga en casa y no en nuestro bolsillo a cada momento del día, ya que su función es coadyuvar a la defensa legítima.

SIN DERECHO PARA MATAR

Así, la defensa legítima, jurídicamente hablando, no suele verse como un derecho, sino como una excluyente de que nos acusen de un acto ilícito siempre y cuando se cumplan estos requisitos. En esa lógica, la defensa legítima en el caso de aquel asaltante de combi al que los pasajeros lo desarmaron y lo golpearon al borde de la muerte podría ser considerada como no racional en el entendido que la interpretación jurisprudencial ha incluido dentro de la racionalidad que la defensa debe ser proporcionada, por lo que, en este caso, al golpearlo unas cuantas veces y dejarlo ir del vehículo el peligro desaparecería, por lo que golpearlo tumultuariamente hasta la inconciencia rebasa los alcances de la legislación penal.

O en los casos en que, después del asalto se busca al delincuente para matarlo, tampoco estaríamos hablando de defensa legítima porque la Corte ha dicho que cuando el ataque y el peligro que podría generar una reacción defensiva haya sido consumado tampoco es legítima defensa, razón por la cual estos videos donde los vehículos atropellan a sus asaltantes metros después de haber sido despojados, podría no entenderse como legítima defensa a menos que tenga esa persona abogados capaces como los de IRKA ARVE, consultora de soluciones jurídicas, S. de R.L. de C.V., que hagan un razonamiento profundo que demuestre que hasta en esos casos es legítima defensa.

De esa manera, la defensa legítima en un país tan violento como el nuestro se está volviendo cosa de todos los días poniendo en tela de juicio al concepto de justicia, ya que en manos de los jueces que no pueden desprenderse del elemento subjetivo, podrían dejar pasar muchas conductas por defensa legítima aunque se cuestione la existencia de los elementos necesarios para que se considere como tal, ya que en una situación así donde, además, el estado de conciencia se encuentra alterado, la gente trae más que pertenencias en sus mochilas, sino que posee, en su cabeza, rencores sociales y hartazgo contra la ineficiencia de las autoridades encargadas de la persecución y administración de justicia. En un país de impunidad absoluta se aplauden y se piden cada vez más justicieros anónimos.

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