VACUNACIÓN EN EL AIRE

Llevamos ya más de un año sumergidos en una pandemia que nos ha robado la tranquilidad por todos lados. La salud, la economía, las relaciones sociales y hasta la política se han visto golpeadas severamente por una etapa que pensamos que bastarían dos meses para superarla y que hoy tiene varios al borde de los trastornos mentales.

El rayito de luz en estas tinieblas se ha materializado en varias vacunas diseñadas por diversos laboratorios en el mundo, generando que la zozobra se convierta en paciente espera. Espera que se ha dado desde nuestro confinamiento, en playas abarrotadas de personas que aseguran que su consumo etílico los salvará del virus o en plazas comerciales con filas interminables que presumen de sana distancia de 25 centímetros y uso del cubrebocas a media nariz.

La irresponsabilidad ciudadana y la ineptitud institucional formaron la pareja ideal para bailar al ritmo de a muertes. Cientos de miles de decesos en todo el país ponen de punta los nervios de cualquiera, sobretodo porque la esperanza que representaba la vacunación se ha ido diluyendo con las semanas debido a que el objetivo de vacunación en cuanto a número no se ha logrado, en buena medida, debido a la falta de vacunas, ya que la adquisición o no se dio o no se firmó.

AHÍ LES VA EL AIRE

Como cereza sobre el pastel, en últimos días, se han documentado al menos casos en todo el país, en los que el personal que administra las vacunas ha simulado inyectar la sustancia en la jeringa, ya sea porque no aprietan el émbolo o porque al interior de la jeringa no se encuentra más que la sustancia principal de las papas Sabritas: aire.

Estos eventos tan desafortunados causaron una rección iracunda por parte de la población que entiende que, además de la tardanza en la vacunación, se jugaba con la vida de adultos mayores de forma por demás grave. Las consecuencias fueron de todo tipo: desde la remoción de la responsable de tan ruin acto, la suspensión de sus labores, la promesa de hacer exámenes a las y los afectados para que, en caso de no contar con anticuerpos, volver a inocularlos, entre otras cosas.

Desde luego, en ese escenario nos quedan dudas que habrán de resolver las autoridades como: si la decisión de simular la vacunación fue de esas personas o si sólo recibían órdenes; o cuál podría ser el destino de esas vacunas que no se utilizaron; o, incluso, si habría una sanción penal en caso de que alguna de las personas engañadas perdiera la vida.

IATRO… ¿QUÉ?

Esto nos lleva a pensar en lo que se conoce como iatrogenia, la cual es entendida como la alteración a la salud del paciente proveniente de la atención médica, es decir, puede ser por una praxis directa del galeno o, incluso, por los medicamentos recetados por este. Esto, en términos amplios, se puede considerar que el resultado en el estado de salud puede ser bueno o malo, sin embargo, la iatrogenia está más vinculado a un daño en la salud de las personas teniendo como causante al propio médico, englobándolos algunos autores a lo que se llamaría iatropatogenia.

Este sentido negativo Octavio Casa Madrid lo ha clasificado a los casos que descansan en una parte clínica que propicia una intervención negativa necesaria o innecesaria por lo que no tiene alcances legales. Por su parte, la médico-legal si tiene componentes que en las legislaciones se engloban en la mala praxis que implica responsabilidad profesional debido a que ya se encuentra la negligencia, la impericia y la imprudencia.

Ahora bien, acercándonos al tema legal, la impericia, la negligencia o la imprudencia, son la causa de que, en muchos casos, exista algún tipo de responsabilidad profesional de parte del médico.

LA VIDA EN SUS MANOS

Desde luego que estamos tomando como base la labor médica debido a que, lamentablemente, la labor tan importante que realizan día con día se encuentra al filo del error como en otras profesiones, con la diferencia que un error médico puede ocasionar la muerte o la pérdida de alguna función orgánica, sin embargo, todos los que leemos esto, o la gran mayoría, dentro de nuestra labor como profesionistas o técnicos, conllevamos una responsabilidad en el ejercicio de nuestras funciones, por lo que también podemos incurrir en responsabilidad más allá de la contractual, debido a que las fallas por imprudencia, negligencia o impericia, pueden ser cometidas por cualquier persona.

RESPONSABLES POR TRES

Volviendo a las responsabilidades, tenemos que existe la administrativa, la civil y la penal.

La primera de ellas aplica para quienes son servidores públicos e implica infringir las disposiciones legales y reglamentarias que señalen obligaciones para quien preste un servicio público, lo cual tiene mucho que ver con el sector médico, ya que muchas y muchos profesionistas de la salud ejercen en instituciones del sector público. Derivado de ello, las sanciones por inhabilitación o separación del cargo se establecen directamente en esos preceptos.

La responsabilidad civil está directamente vinculada con el hecho de que, en su actuar, el profesionista provoque un daño, ya sea este intencional o no, al cliente o, volviendo al caso de las vacunas, al paciente. Esta responsabilidad se encuentra regulada en el Código Civil Federal y en el Código de Procedimiento Civiles para que, a través de una demanda, exista una reparación del daño moral o patrimonial causado. Pero para que esto se configure, además del daño, debe haber alguien causante del daño ya sea por dolo (de forma intencional) o de forma culposa (sin la intención de hacerlo pero resultado de, como dijimos, imprudencia, negligencia o impericia) y, adicional a ello, debe haber un nexo causal entre el hecho y el daño.

Es preciso señalar que, además de la vía jurisdiccional que implica la demanda en materia civil, este tipo de circunstancias, en el caso de los médicos, puede tratarse mediante conciliación y arbitraje que provee la Comisión Nacional de Arbitraje Médico.

DE BLANCO A CAQUI

Finalmente, la responsabilidad penal implica que la acción u omisión del profesionista o técnico se encuentra tipificada o contemplada como un delito. Aquí la materia penal sale a la cancha porque se entiende que se lesiona un bien jurídico fundamental para el desarrollo de una persona que, en el caso de los médicos, se manifiesta en una función psicofísica o la propia vida.

La dimensión en materia penal cuenta con el interesante aspecto consistente en que refiere que, además de las sanciones penales previstas en las leyes especiales como la Ley General de Salud, por ejemplo, o en cualquier otra disposición legal que regule el ejercicio de una determinada profesión, se les impone dos sanciones más de forma precisa en el Código: por un lado, la suspensión en el ejercicio de su profesión y, por otro lado, la obligación de reparar el daño causado. Para mayor claridad dejo el contenido del artículo 228 del Código Penal Federal:

Artículo 228.- Los profesionistas, artistas o técnicos y sus auxiliares, serán responsables de los delitos que cometan en el ejercicio de su profesión, en los términos siguientes y sin perjuicio de las prevenciones contenidas en la Ley General de Salud o en otras normas sobre ejercicio profesional, en su caso:

I.- Además de las sanciones fijadas para los delitos que resulten consumados, según sean dolosos o culposos, se les aplicará suspensión de un mes a dos años en el ejercicio de la profesión o definitiva en caso de reincidencia; y

II.- Estarán obligados a la reparación del daño por sus actos propios y por los de sus auxiliares, cuando éstos obren de acuerdo con las instrucciones de aquéllos.

CON TÍTULO  PERO VULNERABLES

Los dos artículos subsecuentes se refieren de forma particular a las sanciones que se harán acreedores los médicos que abandonen en su tratamiento al paciente y a los encargados de centros de salud cuando impidan que un paciente salga de sus instalaciones bajo el pretexto de adeudos con ese hospital. Por su parte, los artículos 231, 232 y 233 del Código señalan las sanciones a que se harán acreedores los abogados, patronos y litigantes ante la comisión de ciertas conductas.

Este tipo de circunstancias sirven para clarificar que, sin importar nuestra profesión, en el desempeño de la misma tenemos obligaciones que cumplir o, en caso de no ser así, hacerse acreedores sanciones derivadas de las responsabilidades que comentamos. Contadores, abogados, arquitectos, técnicos industriales, técnicos mecánicos, ingenieros y muchas otras profesiones pueden llegar a cometer delitos derivado no sólo de la intención o dolo, sino que la culpa con las características de negligencia, imprudencia o impericia, pueden llegar a acarrearnos muchos problemas.

En el caso preciso del personal involucrado en la aplicación de aire en las vacunas, es importante llegar a una investigación profunda que permita dilucidar el alcance de su responsabilidad e, incluso de sus jefes, a fin de sancionar de forma ejemplar en caso de responsabilidad de cualquier tipo y evitar que en una circunstancia tan grave para la humanidad prevalezcan estas conductas.

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